Cada 8 de marzo, el mundo se viste de morado y las marcas se vuelven repentinamente "feministas". No importa si han explotado mujeres en fábricas de ropa, si pagan menos a sus empleadas o si sexualizan la imagen femenina para vender más. Por un día, todas las empresas y gobiernos quieren mostrarse como aliados de una lucha que, en la práctica, les interesa solo en tanto puedan capitalizarla. Y lo logran. Porque el Día Internacional de la Mujer ya no es un acto de resistencia, sino una estrategia de mercadotecnia.
De lucha a eslogan comercial
El 8M no nació como una fecha para regalar flores ni para dar descuentos en maquillaje. Se originó en el sudor y la sangre de trabajadoras explotadas, en protestas por condiciones laborales inhumanas y en la búsqueda de derechos fundamentales. Hoy, sin embargo, lo que vemos es un desfile de marcas con mensajes de empoderamiento a cambio de tu dinero.
Las grandes empresas han encontrado en el feminismo una mina de oro. Un producto con el que se identifican millones de personas y que pueden empaquetar de forma atractiva. Camisetas con frases como "Girl Power" fabricadas por mujeres en condiciones infrahumanas, campañas que ensalzan la "fuerza femenina" mientras siguen pagando menos a sus empleadas que a sus pares masculinos, anuncios de cosméticos con lemas de amor propio que perpetúan estándares de belleza irreales. Todo es hipocresía, pero da resultados.
El feminismo, en su forma más pura, no necesita la validación de marcas ni de gobiernos. Sin embargo, lo han domesticado para que sea digerible, rentable y políticamente correcto. En lugar de una lucha por derechos, el 8M se ha convertido en una estrategia comercial que vende "conciencia social" sin comprometerse con el cambio real.
El feminismo secuestrado por el clasismo
No todas las mujeres pueden celebrar el 8M de la misma manera. Mientras algunas marchan con pancartas, otras están en fábricas, cocinas o en la informalidad, sin acceso a derechos básicos. ¿Acaso la empleada doméstica que trabaja sin prestaciones ni salario justo siente la sororidad de la elite feminista? ¿Se benefician las obreras que cosen ropa para marcas "aliadas del movimiento"? El feminismo mainstream ha sido apropiado por una clase que habla de igualdad pero ignora la realidad de millones de mujeres en situación de vulnerabilidad.
El clasismo dentro del movimiento feminista es evidente. Se exalta la "independencia financiera" como un símbolo de liberación, pero no se habla de las que sobreviven con sueldos miserables. Se critica la maternidad como una trampa del patriarcado, pero se ignora a las madres solteras que no pueden dejar de serlo. Se condena a los hombres en discursos radicales, pero muchas mujeres dependen de ellos para subsistir porque el sistema sigue sin darles oportunidades reales.
La lucha feminista no puede ser solo para quienes tienen el privilegio de elegir. Debería incluir a todas las mujeres, sin importar su clase social, origen o condición. Pero la realidad es que el feminismo que se vende el 8M está diseñado para quienes pueden comprarlo.
El falso reconocimiento del 8M
Los gobiernos y las corporaciones aprovechan el Día de la Mujer para lavarse la cara. Políticos con historiales de abuso o corrupción felicitan a las mujeres con discursos vacíos. Empresas que no brindan licencias de maternidad adecuadas lanzan videos inspiradores sobre el "valor femenino". Los medios bombardean con historias de "mujeres exitosas" mientras ocultan las cifras de feminicidios, violencia de género y explotación laboral.
Las cifras no mienten. Las mujeres siguen siendo las principales víctimas de violencia doméstica, de trata, de abuso en el trabajo. Siguen teniendo menos oportunidades laborales y económicas. Y, aun así, cada 8M las instituciones fingen que el problema está resuelto con un simple post en redes sociales.
No, no basta con conmemorar. No basta con decir "Feliz Día de la Mujer". No basta con cambiar el logo de una empresa a color morado. Lo que hace falta es acción. Leyes que protejan y oportunidades reales de desarrollo. Pero claro, eso no vende tanto como una campaña bien diseñada con mensajes emotivos y hashtags de moda.
¿Cómo recuperar la esencia del 8M?
El Día de la Mujer no debería ser un carnaval de consumo, sino un recordatorio de que la lucha sigue vigente. Es momento de que dejemos de caer en la trampa de la mercadotecnia y exijamos cambios tangibles.
No compres el discurso vacío de marcas que solo buscan lucrar con el feminismo. Exige que sean congruentes con sus acciones.
No permitas que el 8M se convierta en una fecha decorativa. Recuerda a las mujeres que dieron su vida por derechos que hoy damos por sentado.
No caigas en el feminismo clasista que ignora a las más vulnerables. La lucha es por todas, no solo por quienes pueden marchar o consumir discursos cómodos.
No aplaudas a políticos que usan el feminismo como bandera cuando no hacen nada por cambiar la realidad de millones de mujeres.
El 8M es mucho más que un eslogan, un post bonito o una estrategia de marketing. Es una fecha para recordar que, mientras haya desigualdad, explotación y violencia, la lucha sigue. No dejes que la conviertan en un producto más.

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