ARCHIVO

POPULAR

Twitter debería ser un manicomio en llamas. Un lugar donde todo el mundo grita, pero nadie escucha. Donde la gente se indigna por absolutamente todo, pero olvida su propia hipocresía en menos de 24 horas. Un pantano de egos, opiniones no solicitadas y expertos en absolutamente todo, menos en su propia vida.

El primer beso no es cualquier cosa, es un puto terremoto en el pecho. Es esa mezcla de nervios, expectativa y miedo que te hace sentir como si fueras a vomitar mariposas. Es estar frente a esa persona que te trae loco, intentando no parecer un completo imbécil, pero sintiendo que cada palabra que dices te delata.

Había algo profundamente inquietante en mudarse ocho veces al año. Las primeras tres o cuatro no eran nada: embalar cajas, despedirse de amigos que sabías que no volverías a ver, aprender a ubicarte en una nueva ciudad. Todo eso era normal para Lucas; a sus catorce años, no recordaba haber estado en el mismo lugar más de seis meses seguidos. La palabra «hogar» no significaba mucho para él.

Qué puta mierda es lidiar con alguien que te sonríe por fuera pero por dentro te está mandando a la mierda. Lo sabes, lo sientes. Es ese tono falso, esa risa que no llega a los ojos, esa manera en la que pronuncian tu nombre como si estuvieran masticando algo podrido. Pero ahí están, actuando como si fueras su mejor opción porque, claro, necesitan algo de ti.