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Siempre he odiado a los seres humanos.

Su ruido incesante, su arrogancia. Sus pies ensucian la tierra, sus bocas escupen mentiras, sus manos arrancan vida sin remordimiento. Me repugnan. Aun así, hay cosas que añoro… cosas que ellos mismos han olvidado apreciar. El sonido de la lluvia golpeando las hojas, el aroma embriagador de la tierra mojada. El trino de los pájaros al amanecer, una melodía efímera entre el caos. Los murmullos de las personas, sus risas, sus lágrimas… el sonido de la existencia.


Pero yo no existo. Nunca lo hice realmente.

Cada 8 de marzo, el mundo se viste de morado y las marcas se vuelven repentinamente "feministas". No importa si han explotado mujeres en fábricas de ropa, si pagan menos a sus empleadas o si sexualizan la imagen femenina para vender más. Por un día, todas las empresas y gobiernos quieren mostrarse como aliados de una lucha que, en la práctica, les interesa solo en tanto puedan capitalizarla. Y lo logran. Porque el Día Internacional de la Mujer ya no es un acto de resistencia, sino una estrategia de mercadotecnia.

Aprender una nueva idea no te convierte en un genio de la noche a la mañana, pero comprometerte a aprender algo cada día te transforma en una persona poderosa. No es el conocimiento en sí lo que cambia a alguien, sino la acumulación de aprendizajes y la manera en que estos se entrelazan con lo que ya sabemos. Como dice Warren Buffet: «Esta es la manera como el conocimiento funciona. Se va acumulando, como el interés compuesto del dinero invertido».