Siempre he odiado a los seres humanos.
Su ruido incesante, su arrogancia. Sus pies ensucian la tierra, sus bocas escupen mentiras, sus manos arrancan vida sin remordimiento. Me repugnan. Aun así, hay cosas que añoro… cosas que ellos mismos han olvidado apreciar. El sonido de la lluvia golpeando las hojas, el aroma embriagador de la tierra mojada. El trino de los pájaros al amanecer, una melodía efímera entre el caos. Los murmullos de las personas, sus risas, sus lágrimas… el sonido de la existencia.
Pero yo no existo. Nunca lo hice realmente.